martes, 30 de noviembre de 2010

Los pecados de Haití

 
La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto
Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica
A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista
Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".
Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".

La humillación imperdonable
En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad
Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

Escrito por Eduardo Galeano.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

MIENTRAS NOS SIGAN DISPARANDO SEGUIREMOS DENUNCIANDO & LUCHANDO

El pasado 20 de noviembre se cumplieron 8 de años del vil e infame asesinato de nuestro compañero JAIME ALFONSO ACOSTA CAMPO, y quien por el año 2002 realizaba la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Industrial de Santander (UIS), este compañero estudiante recibió un impacto de bala en su pecho, el cual de forma instantánea le produjo la muerte y de paso lo convirtió en otra víctima mas del terrorismo de estado que sufre nuestro país.
El había empezado su vida académica y universitaria en la sede de Socorro de la Universidad Industrial de Santander, y posteriormente se traslado a la sede principal de la UIS a continuar sus estudios.
Ese miércoles 20 de noviembre siendo aproximadamente las 9:30 de la mañana se da comienzo dentro del campus universitario central a una protesta, la cual rechazaba entre otras cosas, la aprobación del reglamento disciplinario estudiantil (El cual viene siendo aplicado sin tregua a la población estudiantil), la imposición sobre la vigilancia privada al interior de la universidad, y rebatía sobre el vergonzosa política amordazante de la administración del rector de la época Miguel José Pinilla Gutiérrez (Honorable miembro del actual Consejo Superior de la universidad), y quien fuera el mentor en temas de persecución, represión y violación de Derechos Humanos del cuestionado Jaime Alberto Camacho Pico (vigente rector de la universidad), y a quien hoy la Fiscalía General de la Nación lo investiga por el delito de “Concierto para delinquir”, indagación judicial que se da debido a su relación directa con una operación criminal conocida por la comunidad universitaria como el PLAN BALA O PLAN PISTOLA.          
Cerca de las 11 a.m de ese día, hace presencia la fuerza pública con una tanqueta de la Policía Nacional, la cual se encontraba a escasos 10 metros de la portería principal del campus universitario, y a un par de metros de distancia de la tanqueta se encontraban un grupo de manifestantes, entre ellos JAIME ALFONSO. Posteriormente el Escuadrón Antimotines de la Policía lanza gases lacrimógenos sobre la multitud e inmediatamente del sitio donde se encontraba ubicada la Policía sale una serie de sonidos de armas de fuego, y seguidamente cae al piso por el impacto de una bala en su pecho este estudiante, y en medio del humo es auxiliado por algunos compañeros que estaban su lado y trasladando a la Plazoleta CHE frente al Auditorio principal Luis A. Calvo, donde se confirma que el  joven ha fallecido.
8 años y este crimen aun permanece impune, y quienes nos atrevemos a pensar en una universidad distinta al servicio de las mayorías nacionales hemos sido tratados por las instituciones del estado colombiano como terroristas y traidores a la patria, enviándonos sus perros de presa para judicializarnos y asesinarnos con su denominado Plan Pistola, tal como lo hicieron con nuestro colega estudiante ese miércoles 20 de noviembre de 2002. Sin embargo mientras nos sigan disparando, seguiremos denunciando y luchando para debatir y confrontar a este establecimiento espurio. 
¡¡ COMPAÑERO JAIME ALFONSO ACOSTA CAMPO PRESENTE HASTA SIEMPRE !!

Acto de protesta en ceremonia de graduación